Matrimonio aymara
Las
fiestas del anata “fiesta de los juegos o carnavales” son consideradas como un
periodo prematrimonial en el mundo andino. En este periodo el joven soltero
(wayna) y la joven soltera (tawaqu) hacen conocimiento y relaciones, en este
proceso de conocimiento mutuo que conduce a los jóvenes hombres y mujeres hasta
el enlace matrimonial.
Frecuentemente
en los meses de Marzo a Mayo, los jóvenes se alistan para las bodas. Sin
embargo solo podrán casarse los que hayan cumplido con ciertos requisitos
previos exigidos por la comunidad y observando ciertas normas de costumbre.
Se
señala que los jóvenes son aptos para el matrimonio cuando se aproximan a
cierta edad: de 28 a 31 años para los varones y de 24 a 26 para las mujeres. Ya
que están considerados biológicamente maduros para el matrimonio. No
siendo este el requisito fundamental, sino otros de carácter social y cultural.
Los
requisitos para el varón consisten en: Primero debe haber ejercido cargos de
autoridad en la comunidad, como haber sido watachu (encargado o supervisor en
los bailes nocturnos). Debe haber sido además irpa o guía en las fiestas del
carnaval y de pascuas o haber participado en el deporte de contrafuerza
(wayjt'asiña o ch'amat jawqt'asiña). Si el joven es huérfano debe haber sido,
autoridad comunal (jilaqata). Este tipo de requisitos es muy importante, pues
se considera que un joven puede ser responsable con su familia, sólo si ha
demostrado ser responsable con la comunidad.
Entre
otros de los requisitos es: ser padrino de bautismo (waw ichkatasiña), tener
cantidad suficiente de vestimentas, saber uncir y arar con la yunta, saber
techar una casa, saber tejer, etc. de lo contrario son todavía considerados
llullu lluqalla skiwa, es decir menores.
Para
la mujer los requisitos son similares. Debe haber también ocupado los cargos de
watachu y de q'chwa. Deben haber sido además guías en los carnavales. Deben
tener ropas suficientes, deben tener ahijadas (ser madrina de bautizo), deben
saber cocinar, deben saber sembrar (iluña o sataña) y tejer etc.
Si
el hombre y la mujer cumplen estos requisitos pueden casarse y pasar así a ser
considerados jaqi (personas humanas). Se es jaqi fundamentalmente cuando se es
casado, en ciertos casos solo cuando ya se tiene parcela y casa propia.
Sin
embargo puede realizarse matrimonios prematuros (jisk'pach jaqichasiña),
imprevistos (akatjamak chikt'apiña), que son las excepciones al matrimonio
maduro (wali puqt'at jaqichasiña). La primera excepción puede suceder cuando el
candidato es hijo único (sapa wayna o sapayuqa), o hijo mayor de una viuda
(awkit wajcha wayna). En lo que respecta al matrimonio imprevisto, este es
objeto de severas observaciones por parte de la comunidad, mucho más si uno de
los cónyuges es menor de edad (maynir jaqichasiw sullka).
“SIRWISIÑA”
El
sirwisiña es el período de tiempo en que el hombre y la mujer se juntan hasta
el matrimonio propiamente dicho. Durante ese período de transición, la nuera
(yuqch'a) se habitúa y experimenta a ser esposa en la casa de la suegra, quien
la vigila y ayuda; después de este período de tres semanas a tres meses se
integra a la comunidad (tamar mantaña).
LA
OFICIALIZACIÓN DEL MATRIMONIO
El
ciclo de relación de pareja termina en el casamiento. Primero se efectúa el
waynaw irpantasi, es decir el hombre se lleva a su prometida a su casa. Los
padres del joven deben siempre reaccionar ante este hecho con un breve sermón
antes de declararlos juntos (chikt'apita). A veces los padres desaprueban si
ven que en uno u otro existe resistencia, pero generalmente llega a feliz
término. El proceso siguiente está a cargo de los padres del joven y sus
familiares, quienes tienen el deber de avisar a los padres de la joven de
manera inmediata, los padres de la mujer reaccionan siempre de una manera
exaltada y reprobadora, para enseguida entablar con los familiares del hombre
un diálogo y discusión.
Después
de esta primera charla, los familiares del hombre deben rendir honores a los
padres de la novia apartándole licores y comidas. Este es el sart'aña, es decir
el acto formal de pedir la mano al cual asisten ambos novios. Los familiares
del novio aportan licores y comida (umañ manq'aña) como se indica arriba a esta
visita que es la última porque aquí se resolverán todos los pormenores y
especialmente la fecha en que se celebrará la fiesta matrimonial (la boda es la
fiesta comunitaria). En esta última visita llamada irpaga o irpaqasiña, se
realiza generalmente de noche, durando la conversación hasta el amanecer, se
pregunta a los novios el por qué se han propuesto ser marido y mujer
(kunjamats, kawkjamats juchar puripta) o si hubo engaño en el compromiso
(k'tich ar churarqitu).
Finalmente,
siempre en esta última visita, los novios con declarados marido y mujer, para
ello el padre de la novia se expresa generalmente asi: “Ya no eres mi hija,
eres hija de tu suegro y suegra. Te portarás bien y no harás levantar mi nombre
ni mi honra, avanzarás siempre fijándote adelante y atrás” (Janiw nan
wawajakxtati, awkch'iman taykch'iman wawapaxtaw, Sum sarnaqata, janiw nayan
sutj aynaqayitätati, k'amarak nayan qamasajas, q'ip nayr uñtas sarata). Para
esta visita se va acompañados de un grupo de música y es a sus sones que a la
madrugada el novio se llevará legítimamente a la novia cantando “jalayasintwa,
jalayasintwa ...” (Me la estoy llevando, me la estoy llevando ...). Es a partir
de esta visita que representa el anuncio oficial, que la comunidad se percata y
reconoce el matrimonio (jaqichasiriw utjani).
Sucede
también que un muchacho se enamore de una joven sin que esta esté al corriente
y sin que se conozcan mutuamente, entonces son los padres del hombre que
iniciarán un diálogo con los de la mujer (q'ana aruta). Los padres del joven
deberán gestionar el matrimonio mediante encuentros que culminan con una visita
confidencial a la casa de la muchacha durante una noche. Son los padres del
pretendiente y familiares que deben ir con manjares, alcohol y coca, a fin de
festejar a la joven y su familia y lograr así el compromiso matrimonial.
Puede
ser también que el matrimonio sea arreglado sin el conocimiento de ninguno de
los contrayentes. Entonces sucede que los padres (o consuegros), los awkch'i
masinaka, entran en diálogo, sea de manera abierta o clandestina. Entre ellos
discuten el matrimonio, discusión que puede prolongarse durante mucho tiempo. Si
llegan a un acuerdo, aprovecharán de una fiesta o de un momento propicio para
juntar a los novios. Estos se conocerán recién y sabrán que sus padres han
escogido. Generalmente, los jóvenes no ponen resistencia, pues consideran que
la elección hecha está basada en criterios justos y legítimos.
Existe
también otra manera de formalizar el matrimonio, es cuando el hombre se lleva a
la muchacha a su casa de manera sorpresiva sin cumplir formalidades
(q'achtasiña o qatatrantasiña).
LOS
PADRINOS DEL MATRIMONIO
A
los ojos la comunidad y de la familia, el yerno (tulqa) y la nuera (yuxcha'a),
es decir los novios, alcanzan a través del matrimonio la categoría de “gente
completa”, llegan a ser jaqi (gente), cumplen el jaquichasiña (hacerse gente).
Por esta razón a los recién casados se los llama los machaq jaqui (las nuevas
gentes).
El
padrinazgo es muy importante en el mundo aymara. Seguramente existieron formas
anteriores, es por ello que la iglesia cristiana se adaptó a estas formas. Los
padrinos son los directos responsables de los novios. No es sólo una
responsabilidad “espiritual”, sino total, pues apoyarán y ayudarán en los
trabajos comunales a la nueva pareja. Se considera a los padrinos como segundos
padres y su responsabilidad es tal que algunos afirman que dependerá de ellos
el éxito o el fracaso de la nueva pareja.
Existen
dos clases de padrinos. Por un lado el jach'a awki y la jach'a tayka o padrinos
mayores, y por otro el jisk'a awki y la jisk'a tayka o padrinos menores.
Es
sobre los padrinos mayores que recaen las principales responsabilidades. Estos
padrinos son elegidos por los padres del novio o pueden presentarse también
voluntariamente. Los padrinos menores son elegidos por los padres de la novia o
por los padrinos mayores. A los padrinos menores se los llama también t'aqa
awki y t'aqa tayqa o padrinos de “destete”, es decir de separación de los hijos
de sus padres. Se llama también q'ra parinu si este es ajeno a la comunidad. A
los padrinos menores se los llama también ara parinu , porque ellos aportan el
aro o anillo de matrimonio.
Existen
requisitos para ser padrino y madrina. A veces se les exige que los padrinos
mayores hayan ejercido cargos de autoridad comunal. En general, los padrinos
deben ser gente prestigiosa, es decir de buenos modales y de conducta
irreprochable, pues se piensa que la pareja será el reflejo casi la
reencarnación de los padrinos que tenga.
Son
también necesarios para realizar el matrimonio los testigos, estos son
designados por los padrinos o los padres de los novios designan a los testigos
(generalmente cuatro). Estos sirven también como “intermediarios” en la irpaqa.
El testigo es siempre varón, sin embargo no puede ser de ninguna manera viudo.
Los cuñados llamados también masanu, se convierten en hermanos de los novios.
Ellos cooperaran en todas sus actividades, trabajos y funciones de autoridad.
Para
el matrimonio es importante la música. Son los padres del novio los encargados
de contratar un grupo de música, sea de manera directa o por intermedio de un
padrino o ahijado. El primer día del matrimonio toca un conjunto de música con
instrumentos de metal (trompetas, bajos, etc); el segundo día tocan grupos de
música tradicional de pinquillada (el pinquillo es un instrumento de viento
tipo de flauta de caña).
Es
interesante hacer notar que si uno de los suegros es viudo o viuda, no
participa en ningún aspecto de la fiesta sino que según una norma tradicional
es representado por otra persona, se trata de remarcar la gran valoración de la
dualidad en el mundo andino, los padres son dos, el padre propiamente dicho y
la madre, y si esta pareja no está completa, es mejor representarla
simbólicamente.
DIA
DEL NOVIO
El
primer día del matrimonio (nayruru) es llamado el tullqan urupa o día del
novio. Es también el día de los suegros (yuqallwawanin urupa) y de los
familiares (jak'a muniri, jaya muniri).
Este
día empieza al primer canto del gallo. Toda la gente padrinos, testigos,
familiares, etc. están concentrados y dedicados a variadas actividades tanto en
la casa de los padres del novio como de la novia.
Hacia
el tercer canto del gallo los novios ya están impecablemente vestidos, entonces
se sirven unas copas de licor y comen una comida especial junto a sus padrinos,
para enseguida ofrecer libaciones rituales que representan la espiritualidad
del mundo andino. Recién después irán todos al pueblo mas cercano, al ritmo de
música alusiva, para cumplir la formalidad de 2 de los poderes que oprimen a
nuestro pueblo: la ceremonia en el registro civil y la ceremonia en la iglesia
católica.
Pasada
esta ceremonia toda la comitiva regresa a la comunidad, luego de un breve
refrigerio. Todos los elementos que han de ser utilizados en la fiesta son
dispuestos con bastante anticipación, para el primer día los padres del novio
hacen preparar una variedad de manjares y bebidas, la abundancia de estos es
muestra de buenos augurios para los contrayentes.
Los
jóvenes también participan de la fiesta, cada uno prepara un arku (presentes).
Hay dos tipos de arku. El primero, consiste en un mastil portatil largo, en
cuya punta flamea la Wiphala blanca; el segundo, más pequeña, es una especie de
canastilla floreada con billetes de corte pequeño. Practican el arku jóvenes de
ambos sexos en el sentido de ayuda mutua o reciprocidad: ayni, mink'a, apxata,
arkaya, etc.
DIA
DE LA NOVIA
El
segundo día es el día de la novia yuqch'an urupa, llamado también día del
agasajo a los padres de la novia y sus familiares. A las 7 de la mañana los
novios preparan el desayuno junt'uma y una sopa de chuño chairo, para servirse
entre todos, más tarde se servirán con toda la comunidad alimentos preparados
por los padres de la novia.
Los
novios y sus acompañantes llegan a la casa de la novia al son de la pinkillara
donde son recibidos con los saludos jallalla jallalla; más tarde tienden una
mesa (en el suelo) sobre las que ponen los alimentos de costumbre, alrededor de
esta se acomodan todos a excepción de los consuegros que se sirven aparte. Este
es un día en el que sólo se consume un poco de licor, chicha. etc. Las mujeres
entre ellas tanto parientes del novio como de la novia confraternizan a lo
máximo.
Tarde
ya, el padre de la novia reflexiona y recomienda a su yerno, sobre el modo de
comportamiento para con la sociedad y la familia de la misma manera la madre de
la novia se dirige a ella (que alcanzo la categoria de mujer plena) para
recomendarle sobre el presente, el futuro y los quehaceres domésticos sociales.
También son recomendados los padrinos por ser responsables de los flamantes
jaqis, y a sus compadres
Roles
Familiares
Los
menores reciben distintos valores los cuales le servían para dirigir su
conducta y poder desempeñarse en su vida.
Tanto
la familia como los parientes contribuyen para que el niño sea una persona
social incluso cuando ya ha contraído matrimonio hasta que no asuma o demuestre
responsabilidad como padre, esposo, trabajador, etc.
-
Los
varones pesan más en la toma decisiones familiares que las mujeres.
-
Una
hermana debe respeto y obediencia a un hermano de su edad o mayor.
-
Las
opiniones de los abuelos, los tíos y los padrinos de ambos progenitores o de
los hijos deben ser escuchadas.
-
Toda
la armonía posible debe imperar entre parientes.
En
esta red de jerarquías, reciprocidades, complementariedades, deberes y derechos
crece un individuo aymara.
-
La
amenaza del látigo o “chicote” es suficientemente contundente para mantener a
los hijos en vereda.
-
El
respeto y el temor a la intervención paterna bastan para hacer cumplir siempre
las normativas que dan los mayores de la familia.
La
gente ve con buenos ojos a aquellos hijos que son respetuosos, obedientes y
responsables.
Las
lealtades familiares priman en un individuo sobre las que se tienen con el
grupo de pares, los amigos, los compañeros de trabajo y cualquier otra
persona. No se considera correcta una cantidad de mimos
De
todos modos, los padres intentarán favorecer a todos sus hijos varones por
igual en momentos que éstos empiezan a independizarse: cuando trabajan por sí
solos, se casan. Ya mayores y en buena medida formados, es un deber contribuir
al bienestar de todos ellos cuando “salen a la vida”. Las hijas al casarse se
van donde otros hombres. Ellos las mantendrán. Les ayudarán en lo que esté a su
mano hacer, mientras no se perjudique el patrimonio de los hijos.
La
madre aymara se relaciona con los hijos de manera distinta que el padre. Es muy
raro que una madre abandone un hijo (“mi hijo es como mi cuerpo, todo lo que le
sucede también me duele a mi”). Se cuentan ejemplos de mujeres, que en tiempos
de penurias se sacrificaron comiendo un mínimo, para alimentar bien a sus wawa.
Sus
esfuerzos son considerables: caminan cargando uno y a veces dos niños por días
enteros, soportan sus enfermedades, las que a veces son difíciles de sanar con
medios locales, los mudan y lavan hasta que son mayorcitos. Las madres protegen
de castigos y justifican errores de los hijos más
fácilmente que los padres. Sus reprimendas son mucho más comunes y sus castigos
físicos más frecuentes, aunque livianos. Se piensa que las madres se dejan
llevar por la ira hacia los hijos más rápidamente que los padres, que castigan
a veces sin motivo.
Un
padre aymara es pensado respecto a sus hijos como un impartidor de justicia.
Faltas graves como pelear entre hermanos, hurtar, mentir, hacer daño a la
propiedad ajena, negligencia, ociosidad, etc. Son causal suficiente para que el
progenitor intervenga de manera dura y drástica.
La
rigidez y severidad es una constante en la educación tradicional de los niños
por parte de los progenitores varones, secundados por las esposas
ocasionalmente con igual rudeza. Los aymaras dirán: ”gracias a mi padre soy
gente”, para señalar la posición definitoria en su formación que han
tenido sus enseñanzas e intervenciones punitivas para controlar malas conductas
Javiera Castillo
Isabel Lavin
Yasmin Marambio
Yeiza Pizarro